¿Para qué sirve un escritor?

Esta pregunta tan simple e inocente y la vez tan profunda se la realizaron durante una conferencia a Mario Vargas Llosa. El Nobel de Literatura, con ese tono pausado que utiliza a la hora de expresarse y con la dulzura que le aporta a su discurso sus orígenes peruanos, contestó después de reflexionar unos segundos.

Sonrió parcialmente y comenzó a explicar, a su juicio, por qué son importantes los escritores y, de manera indirecta, defendió el papel de la literatura, de las novelas, de los textos… del pensamiento plasmado en un trozo de celulosa. Arrancó y habló de la capacidad que tiene el cerebro de evolucionar después de una lectura. Cada texto que cae en tus manos es una nueva oportunidad de aprender, defendía. La lectura es una de las acciones vitales que te permiten ampliar horizontes. Al igual que el viajar, conocer otras culturas… leer te asegura una travesía de no retorno desde la confortabilidad de una butaca. Está al alcance de todos. De todos los que quieran, obviamente. Nadie es el mismo después de una novela, comentaba el escritor sudamericano; para bien o para mal.

Tras una magistral explicación que no soy capaz de reproducir habló de un aspecto social mucho más global. Recordó a los asistentes que en las épocas oscuras del ser humano, en diferentes contextos políticos, en tiempos inconexos, el Poder siempre se preocupó en primer lugar de imponer mecanismos censores para capar la autonomía del individuo; privándole de su libertad intelectual, encaminando sus pensamientos, ya sea mediante la persuasión o la fuerza, hacia un fin bien definido.

Yo, personalmente, añadiría otro epígrafe. A diferencia del contenido que se puede ofrecer en una red social, en un canal de Youtube, en donde sea… un libro, una novela, necesita un tiempo de maduración. Años de trabajo, de estudio, de correcciones, de documentación, de planteamientos. Es un trabajo artesanal que no descuida su estructura antes de ver la luz.

En los libros está todo. Así lo aseveran los pensadores, los escritores, los estudiosos en general y no les falta razón. Una de las circunstancias más llamativas que uno se puede encontrar en muchos textos es que la historia es absolutamente cíclica. Salvo el envoltorio, nada varía. Todo lo que vivimos en nuestros días ya ocurrió y por eso, una buena lectura te puede ayudar a comprender. Para entender el presente y adelantarnos al futuro tenemos que conocer el pasado; aunque la gran mayoría de ciudadanos del Siglo XXI lo consideren irrelevante.

El hombre, como animal racional, ha evolucionado con el paso de los siglos. En estas últimas dos décadas, la irrupción de Internet ha acelerado el devenir de las cosas de una manera sobrecogedora pero al final de todo, seguimos hablando de los mismo. Por fuera somos distintos pero el ser humano de 2021 siente, se emociona, vibra, llora, traiciona, se asusta, comete errores, delinque, ayuda, asesina y se enamora… como lo hicieron sus antepasados en un tiempo ya olvidado.

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