Pobreza económica o intelectual

Aquí estoy de nuevo publicando, tras la participación de los colaboradores, en el Café virtual que he creado. Se trata de un blog propio que me servirá para escribir con libertad, en el cual, disfrutaré con una de mis pasiones, redactar artículos de opinión. Es un proyecto altruista con el que no ganaré dinero y sólo busco ofrecer a la gente columnas que sirvan para hacernos reflexionar sobre diferentes temas.

Explico esto por la siguiente razón. Mi mujer me enseñó hace unos minutos un vídeo en el que aparecía una instagrammer, o como se escriba, metiéndole un huevo a un perro en la boca. Ella, muy bien arreglada para el vídeo, explicaba el tacto que tenía el canino a la hora de tomarlo; abría la boca con suavidad para no romper el huevo.

Yo le miré y pensé. Menuda gilipollez. Ella rápidamente me respondió que sí, que será una tontería pero que esa tipa tiene tropecientos mil seguidores en redes, que ese vídeo lo habían visto otros tantas miles de personas y que se está forrando.

Entonces guardé silencio y recapacité. Pensé que quizá esté equivocado en mi manera de plantearme la vida. Es decir, resulta que uno gasta su tiempo y su dinero en montar algo como el Café con Uru, se preocupa para que tenga cierto nivel dentro de las posibilidades, consigue involucrar a más periodistas para enriquecer la cosa e intenta ofrecer algo bueno y recibe, así de primeras… pocas visitas, pocas interacciones y 0 euros. Sin embargo, veo a la del huevo o la cantidad de gente que es capaz de tener tirón haciendo el bobo detrás de una pantalla, o enseñando el cuerpito, o luciendo lo que se llevará esta temporada creando una especie de clones virtuales que hablan igual, se visten de la misma manera y hacen lo mismo en las redes. Y entonces me pregunto

¿Esto merece la pena? ¿Sería mejor plegar las alas, rendirme y dar por sentado que unos artículos de opinión no encajan ya en esta sociedad o mantenerme firme en mi pensamiento? Rápidamente encuentro la respuesta. No abandonaré mi visión del mundo.

Si hubiera montado una web de otras características es probable que me fuera mejor pero me da exactamente igual. Y tengo claro que seguiré intentado sumar algo, aunque sea poco a esta sociedad. Tengo que decidir entre pobreza económica o intelectual y la moneda ya la tiré al aire hace tiempo y conozco el resultado. En mi primer artículo en el Café varios fueron los que me escribieron, y lo agradecí en el alma… pero especialmente hubo un mensaje que me caló hondo. “Gracias por hacernos felices” (y no es un familiar). Mientras una persona me lea y crea que esto ayuda a tener un colectivo más productivo… el Café con Uru seguirá en la pelea.

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