El porqué de Dacil

Cuánto marca la escritura. Vivimos en una sociedad en la que la literatura, el pensamiento reposado y la lengua han pasado a un segundo plano siendo generosos. Se ha despreciado y ninguneado nuestro idioma hasta un punto de no retorno. Las prisas, internet, los “WhatsApps”, la falta de lectura y la dejadez han restado protagonismo a esa herramienta que nos permite mantenernos comunicados.

A Dacil Garcias no la conozco especialmente. Mientras yo realizaba mis quehaceres en el estudio de Radio Marca, ella acudía de manera habitual al programa de Leandro, en Lancelot Radio, y se sentaba con asiduidad en el habitáculo contiguo. A día de hoy tampoco sé muy bien ni a qué se dedica ni qué ha estudiado.

Les cuento todo esto por un simple “porqué”. Al poco fuimos amigos virtuales en las redes y ella subió una foto que encabezó con la siguiente frase. “¡Que siento pasión por Oriente no es ningún secreto; lo que no sé es el porqué”.

No tenía ninguna opinión sobre ella más allá de considerarla una mujer de agradable trato. Cuando vi ese pequeño enunciado sobre la imagen, inconscientemente deduje que era una mujer culta, leída y formada. Sin querer caer en la pedantería sólo apunto al lector que existen cuatro formas de escribir “por qué” (junto con tilde, junto sin tilde, separado con acento y sin él) y muy poca gente los utiliza de manera adecuada. Por esa inocente acción mis mecanismos internos la colocaron en un escalón superior.

Eso no quiere decir que aquel que redacte de forma incorrecta sea mejor ni peor. Todos encasillamos en contra de nuestra voluntad en base a diferentes parámetros y para mí la escritura es uno de los más importantes. Más allá de la apariencia física, los vocablos me sirven a título personal para saber con quién hablo.

Y esta segregación no cuenta con un fondo clasista sino que responde a conceptos intelectuales ya que el conocimiento y la formación están al alcance de todos; si se quiere.

Es curioso  -y podría decir que roza la tristeza- que uno destaque sobre el resto simplemente por no dar patadas al diccionario. Hoy, un porcentaje altísimo, no sabe ni escribir correctamente. No hablo de redactar bien, que eso es otra cosa. Digo de forma correcta.

Leo habitualmente lo que escribe la gente y me fijo en el fondo y la forma de sus mensajes y me chirría ver a “periodistas” y políticos que apenas manejan su herramienta principal: la palabra. A ellos les otorgo más culpa en el asunto. Si los que se tienen que dirigir a la sociedad poseen ideas que vienen enmarcadas en faltas de ortografía, mucho no podemos esperar de ellos.

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